El pasado 6 de diciembre me reuní en el centro de Barcelona con unos amigos para tomar algo. Desde las cuatro de la tarde hasta casi las ocho estuve con ellos. A las diez fui a la estación de Sants a buscar a mi hermano que llegaba para pasar el puente. Un día normal, cosas normales... un día más.
Al día siguiente recibí una llamada de mi mejor amigo, una de las personas que más significan para mi. Lo había visto hacía a penas semana y media cuando crucé el charquito para reunirme con él en nuestra isla y celebrar su cumpleaños. Estaba tranquilo y tenía la voz pausada, pero temblorosa, incrédula: su amigo David se había matado en un accidente de coche la noche anterior.
Yo no conocía a David, únicamente lo había visto en su cumpleaños y el domingo siguiente en un local de la isla dónde intercambiamos algunas palabras, aunque no muchas. Aún así la noticia me impactó, me heló la sangre, se me nubló la vista porqué mis ojos querían llorar y yo no los dejaba, no sabía que decir.
Desde entonces no dejo de pensar en lo frágil que es la vida. David sólo tenía 23 años. A cada momento, en cada instante, recuerdo su suerte y me obsesiono pensando en que nunca se sabe, en que hay que aprovechar cada instante, cada palabra, cada mirada...
Días después de recibir la noticia de su muerte fortuita e injusta, necesité expresarme y escribí la siguiente carta. Es mi pequeño homenaje, un recordatorio para ti D.C.L:
"A penas si llegamos a conocernos; nuestros nombres seguidos de un par de besos cordiales y, al día siguiente, una invitación para jugar al billar que rechacé. No te dije que no porqué no quisiera aceptar el reto, aunque luego pude comprobar que eras bastante bueno, porqué ganaste a Silvia cuando parecía que ella llevaba ventaja. Te dije que no porqué soy algo tímida aunque no lo parezca y se que no te lo tomaste mal porqué eras bastante risueño, o esa es la conclusión que saco de lo poco que tuve la oportunidad de verte.
A penas si llegamos a conocernos, pero llevo dos días sin dejar de pensar en ti y en tu suerte día y noche. No se que sentir, no se que decir, solo que tenías toda la vida por delante y una gran y amplia sonrisa que reflejaba un gran interior; eso me han dicho de ti los que te querían y es con lo que me quedo.
He visto fotos tuyas de fiesta con tus amigos y aún no me lo creo, y cuando vea las fotos del fin de semana que pasé en Ibiza y te vea en mi mismo contexto, aún me lo creeré menos.
Tengo que decirte que lo siento mucho; siento que la vida no sea justa y que en un momento todo se acabe de esa forma. Que he necesitado leer sobre lo que pasó para creer de verdad que ha ocurrido. Estas cosas nunca me han sentado bien, demasiado frecuentes, demasiado cercanas.
A penas si llegamos a conocernos, pero he de decirte David, dónde quiera que estés, que me alegro de haberlo hecho. No hablamos mucho, a penas jugamos una partida al UNO (a la que, por supuesto, perdí), pero tu marcha me hace darme cuenta de lo frágiles que somos y del tiempo que malgastamos.
Todo acaba en un segundo y ni tú ni nadie merecen un final así. Lo siento de veras. De verdad que lo siento.
A penas si llegamos a conocernos, pero te confieso que siempre habrá momentos en los que piense en ti y te confieso también, que sin conocernos, también te he llorado. Tus amigos te añoran, lo están pasando francamente mal, este trago es duro, pero has de saber que siempre, siempre, te llevarán con ellos dónde vayan. Lo mejor de ti David, se lo han quedado ellos: tu recuerdo.
No se si existe un Dios, ni se seguro si las almas van a un sitio mejor, etc. No se ni en lo que creo, pero espero que si lo hay tuviese una buena razón para arrancarte del mundo, y espero que estés donde estés, descanses en paz.
A penas si llegamos a conocernos, podríamos haberlo hecho en un futuro, pero a penas ha habido tiempo. Lo siento, de verdad que lo siento"